Hay orígenes que no se borran con el tiempo. Hay escuelas de vida que se quedan sembradas en el alma y acompañan cada decisión, cada servicio y cada paso dado en favor de los demás. La Cruz Roja Dominicana, el movimiento Scout Dominicano no solo enseñan técnicas, protocolos o formas de responder ante una emergencia; enseñan a mirar el dolor humano de frente, a tender la mano sin preguntar quién es el otro y a comprender que servir es una de las formas más nobles de amar a la patria.
Por eso, el ascenso de Erdwin Robert Olivares a la
Dirección Ejecutiva del Centro de Operaciones de Emergencias (COE) de la
República Dominicana y de Carlos Paulino a la Defensa Civil provoca una emoción
especial. No se trata únicamente de dos designaciones importantes. Se trata de
ver llegar a espacios de mando a dos hombres formados en la mística del
voluntariado, en la disciplina del escultismo y en la vocación silenciosa de
quienes han aprendido a servir antes de ser reconocidos y hoy son honrados por
su antecesor, cediendo el Bastón de Mando.
Antes de ellos, Sergio Rafael Vargas Puente dejó una
huella que todavía conmueve. Su paso por la Cruz Roja Dominicana y luego por la
dirección del COE abrió caminos y sembró memoria. Que el salón de operaciones
del COE lleve su nombre, por decisión del Dr. Juan Manuel Méndez García,
General ® ERD, no es solo un gesto institucional; es una manera de decir que
quienes sirven con entrega verdadera nunca se van del todo. Permanecen en los
lugares donde se decide, se coordina, se protege y se salvan vidas.
Vargas y Olivares compartieron formación, disciplina
y visión de servicio en la Cruz Roja Dominicana. Ambos conocieron la exigencia
del Departamento de Socorros y entendieron, desde la práctica, que la
emergencia no espera discursos ni protagonismos. También supieron que detrás de
cada operativo hay cansancio, sacrificio, responsabilidad y rostros humanos que
esperan una respuesta. La vida llevó primero a Vargas al COE y, años después,
permitió que Olivares llegara también a una de las más altas responsabilidades
del sistema Jefe de Operaciones, con una trayectoria marcada por la
preparación, la constancia y el compromiso.
En los orígenes de estas historias hubo patios,
grupos, jornadas, campamentos, guardias, capacitaciones y llamados al servicio.
Olivares se formó en el Grupo 9 del Colegio Don Bosco, dentro del movimiento
scout; Sergio Vargas tuvo sus raíces en el Centro Excursionista Loyola (CEL),
del Colegio Loyola, fundado en 1928 como una expresión educativa de disciplina,
formación humana y vida al aire libre. Allí se aprende algo que ningún
nombramiento puede improvisar: estar listo, trabajar junto a otros, obedecer principios
y poner la propia vida al servicio de una causa mayor.
La fuerza de ese origen viene de lejos. Henry Dunant
impulsó el nacimiento del movimiento de la Cruz Roja a partir del sufrimiento
humano que vio en la guerra. Robert Baden-Powell dio vida al movimiento scout
para formar carácter, responsabilidad y sentido de deber. En la República
Dominicana, los scouts llegaron en 1914, la Asociación de Scouts Dominicanos
fue fundada en 1920 y la Cruz Roja Dominicana nació el 15 de abril de 1927.
Desde entonces, esas tradiciones han acompañado a generaciones de dominicanos
que aprendieron a servir sin esperar aplausos.
La sede central de la Cruz Roja Dominicana, en la
calle Juan Enrique Dunant #51, en Miraflores, Santo Domingo de Guzmán, no es
solo una dirección en el mapa. Para muchos ha sido casa, escuela, refugio de
ideales y punto de partida. Desde allí han salido hombres y mujeres que
aprendieron a trabajar en silencio, a responder ante el dolor ajeno y a
mantener firme el corazón cuando otros necesitaban esperanza. Allí se formaron
servidores que entendieron que la grandeza no siempre hace ruido.
Desde el lema “Siempre listos” hasta los principios
fundamentales de la Cruz Roja, especialmente la Humanidad y el Carácter Voluntario,
se levanta una misma verdad: el servicio verdadero transforma. Transforma al
que recibe ayuda, pero también al que la ofrece. En esas filas se aprende a
cargar con la responsabilidad ajena, a sostener la calma en medio de la
incertidumbre y a comprender que cada vida protegida justifica cada sacrificio
realizado.
Por eso emociona ver a Carlos Paulino en la Defensa
Civil y a Erdwin Olivares en el COE. Porque sus designaciones hablan también de
todos aquellos voluntarios que alguna vez hicieron una guardia, cargaron una
camilla, organizaron un operativo, participaron en una capacitación, en una preparación,
en una planificación o respondieron a una emergencia sin esperar recompensa. Hablan
de una generación formada en la humildad del servicio y de una esperanza para
los jóvenes que hoy comienzan: sí vale la pena servir, sí vale
la pena prepararse, sí vale la pena ser fiel al origen.
El país necesita líderes que muestren de dónde
vienen, porque en el origen vive la memoria del
sacrificio. En cada uniforme usado con dignidad, en cada madrugada de
emergencia, en cada llamado atendido y en cada servicio prestado con el corazón
limpio, se va formando esa madera interior que luego sostiene las grandes
responsabilidades. El escultismo y las instituciones de socorro no solo forman
voluntarios: forman seres humanos
capaces de convertir la vocación en destino.
Enhorabuena para ambos. Que esta nueva etapa les
permita escribir sus propias historias con la misma entrega con que otros
sembraron el camino. Que nunca les falte la memoria del origen, la humildad del
voluntario ni la fuerza moral de quienes saben que servir no es un cargo: es
una forma de vida.
¡¡Siempre
Listos!!
Eddy Matos,
Ma.
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